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Cesar Perrotta Técnico en Turismo

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Esteros del Iberá: una aventura por el agua que resplandece

(Grupo SanCor seguros  Newslleters)

 

Con sus espejos de agua que reflejan la luz del crepúsculo, este paisaje que conforma uno de los más grandes Parques Nacionales, ofrece la posibilidad de hacer ecoturismo en un lugar con una particular diversidad ecológica dada por la combinación de amplios ecosistemas acuáticos y terrestres.

 

 

Corrientes fue fundada en 1588 con el rimbombante nombre de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, por las siete puntas que origina allí el río Paraná. Unas de las características más notables de su territorio son pues, los esteros, bañados y lagunas que ocupan entre quince y veinticinco mil quilómetros cuadrados de superficie de la Provincia.

 


Sin duda alguna los Esteros del Iberá, que conforman el denominado “sistema Iberá” que cruza en diagonal la provincia de Corrientes y desagua en el Paraná Medio a través del río Corrientes, es el más importante y renombrado desde el punto de vista turístico.
Su basamento está constituido por arenas fluviales cuyo origen se remontaría al Plioceno superior y Pleistoceno inferior. Las lluvias frecuentes, sobre todo durante la primavera y el otoño, reponen el nivel de los esteros que se mantiene estable durante casi todo el año.

 


El perfil exacto de la superficie firme varía constantemente; sumado a la continuidad visual entre la tierra firme y las cañadas, dada tanto por la gran cantidad de vegetación semi sumergida como por “los embalsados”, enmarañadas formaciones vegetales a las que se suman la acumulación de tierra y el entrelazamiento de raíces dotadas de solidez suficiente para caminar sobre ellas. Todo ello hace que la orientación sea extremadamente difícil por lo que el acompañamiento de guías y baqueanos conocedores del lugar, se hace imprescindible.

 


El nombre “Iberá” está formado por dos vocablos guaraníes: Î, agua, que antepuesto a “Berá” –brillante- en su traducción al castellano expresa “el agua que resplandece”, nombre que los originales pueblos guaraníes le impusieron acertadamente al observar el brillo chispeante de sus espejos de agua durante el ocaso y el amanecer.
A la llegada de los españoles en el siglo XVI la zona estaba poblada por guaraníes, mocoretáes y caracarás, pero la dificultad para acceder a los Esteros del Iberá hizo que los asentamientos en el área hayan sido muy escasos y poco conocidos.

 


La primera investigación científica de las riquezas naturales de la zona se debió al francés D’Orbigny en el año 1820. Inmediatamente sugirió que se declarase de gran interés local, pero la turbulenta situación política regional, la escasez de medios y los intereses personales demorarían el proyecto hasta el 15 de abril de 1983, cuando por ley provincial (3771) fue declarada Reserva Natural.

 


Los Esteros del Iberá conforman el área protegida más extensa de la República Argentina y con sus 13.000 Km2, constituyen el segundo humedal más grande del mundo, después de la región del Amazonas, y es el más rico en diversidad biológica del planeta. Entre el 20 y el 30% de su superficie son lagunas bien delimitadas que alcanzan una profundidad de entre 2 y 3 metros.

 

Los embalsados tienen origen en los camalotales, sobre cuyo tejido vegetal se arraigan distintas especies de árboles y plantas. Constituyen así costas flotantes y sus desprendimientos dan lugar a islas flotantes cuyos movimientos son dirigidos por el viento y las corrientes. Los esteros son depósitos de agua estancada, cubiertos por gran cantidad de plantas acuáticas, con pajonales en los bordes. Son comunes el aguapé, irupé, el repollito y la lenteja de agua, conocidos localmente como malezales. Algunas especies animales como el yacaré negro, el yaguareté, el oso hormiguero y el aguará guazú, que habían empezado a desaparecer, afortunadamente están reinsertándose con éxito en los esteros.

 

 

Especies vegetales

Entre sus brumosos límites pueden encontrarse formaciones florísticas tan diversas como camalotales, juncales y embalsados; y dentro de las comunidades acuáticas, palmares de yatay, selvas en galerías e isletas de bosques donde abunda el lapacho negro, el urunday, viraró, laurel negro y quebracho blanco. Mención aparte merecen los nenúfares de agua dulce cuyos platos pueden tener hasta 0,80 cms. de diámetro. En las costas se observan jacarandáes, ombúes, ceibos y timbóes.

 

 

Especies faunísticas

El representante por excelencia de la zona es el yacaré, el negro de hocico angosto y el ñato u overo. También se encuentra la boa de agua o curuyú, el lobito de río, el coipó (similar a la nutria), el carpincho, el ciervo de los pantanos, el osito lavador, la corzuela parda, el aguará guazú, los monos carayás o aulladores, el gato montés, zorros grises, zorrinos, hurones, liebres, vizcachas, armadillos negros o tatúes y lagartos overos. En los pajonales viven temibles víboras de coral, yarará, de cascabel y la famosa ñacaniñá o boa constrictora.
Hay centenares de especies de aves, cuya abundancia y colorido atraen la atención de los turistas que apuestan a conocer sus trinos.
Inmensos cardúmenes de pequeños peces nadan en los cursos de agua, haciendo las delicias de miles de aves zancudas como las garzas que encuentran allí su diario alimento. Nadan también elegantes tarariras, ágiles anguilas, palometas, tortugas verdes, bogas, sábalos y dientudos.

 

 

Turismo: Algunos tips

- Como el clima es templado cálido con una media anual de 20º, y las lluvias más copiosas se registran en otoño y verano, cuando la temperatura puede llegar a los 44°, la mejor época para visitar los Esteros del Iberá es la primavera. En invierno llevar botas e impermeable, buzos polares y mucho abrigo. El resto del año, pantalón liviano, protector solar, sombrero, traje de baño y camperas rompeviento y, obligatorio, el repelente.
- Para llegar, desde Buenos Aires la mejor y más rápida opción es la de un avión hacia Posadas (Misiones) y de allí, en 4x4 para recorrer unos 210 Kms. hasta Colonia Carlos Pellegrini.
- En cuanto al alojamiento, como se trata de un área protegida, hay muy buenas y lujosas posadas, cabañas cómodas y alojamientos familiares. La gastronomía lo dejará satisfecho y ese cariñoso ¡chamigo, no se le olvide volver! mientras suena un chamamé, lo cautivará y tentará para el año próximo. 

 

 

CENTRO DE INTERPRETACIÓN IBERÁ

Se encuentra a orillas de la Laguna Luna, junto a la Colonia Carlos Pellegrini, la mejor base para la exploración del Parque. El acceso se realiza desde la ciudad de Mercedes de la que lo separan unos 120 kms.
El Centro cuenta con un salón de exposiciones con material acerca de la historia, la geografía y biología del Iberá. Desde allí parten senderos a través del monte, orillando la laguna para observar y fotografiar la flora y la fauna. Como se dijo anteriormente, es necesario contratar un guía puesto que los hábitos y horarios de las especies locales las hacen difíciles de avistar por el aficionado.

 


Sin embargo, la mejor opción es contratar una cabalgata o un paseo acuático en Colonia Carlos Pellegrini. Bajo la guía de un baqueano conocedor, el recorrido permite observar las especies más tímidas, caminar sobre los embalsados que recuerdan las islas de los Uros, en el Titicaca. Y la navegación nocturna ofrece la posibilidad de avistar animales que durante el día se esconden de los rigores del sol.


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